Todo acabó aquí

Todo acabó aquí
9 de abril de 2010, me despido del Mediterráneo para iniciar un nuevo viaje. Conozco el principio, Shanghai, no se el final...

viernes, 14 de enero de 2011

La partida

Después de escuchar la oferta, hacer entrevistas y negociar un par de cosas, decidí hacer las maletas y poner rumbo al país del sol naciente. Tenía tres semanas de tiempo antes de la partida y dos misiones. La primera, aprender a hablar inglés, la segunda recuperar la ilusión para encarar un proyecto de tal magnitud. La primera no fue difícil, bastó un intensivo de cinco horas al día durante estas tres semanas, para poder pronunciar algo que debería ser inglés, o al menos me permitió entenderme en esta lengua los primeros días de mi llegada. La ilusión me costaría un poco más, estaba derrotado, humillado y sin saber si realmente podría volver a tener el don para crear nuevos platos con esencia, platos que hicieran despertar en los comensales la perfecta sensación. La esencia es lo mas difícil de conseguir en un plato, y sin ella el plato carece de sentido. Como en una ópera, los instrumentos emiten notas que se mezclan con los sonidos de la cuerdas vocales, resuenan en una gran caja de resonancia que es el auditorio, para al final entrar en el oído, recorrer el cerebro y llegar a la habitación donde se junta lo visual, lo auditivo, los aromas y el recuerdo, y es allí donde si la esencia, a caballo de estos sentidos llega, se produce la perfecta sensación. Te transporta a tus mejores pasados, en ti nace una sensación de abrigo, de alegría, de bienestar, el cuerpo se restaura, se produce la perfecta sensación, y es aquí donde se cumple la gran tarea del restaurador, restaurar a las personas.
            Con tristeza de dejar a mis personas más queridas, sin ilusión, y con un poco de inglés, partí rumbo a China. Allí me esperaba una nueva vida, un nuevo proyecto, una cultura totalmente desconocida para mí y quien sabe si un sinfín de aventuras. La ilusión empezaba a revivir, sentía en mí que volvía la fuerza.
             Tal vez había abierto la puerta de los sueños, aquellos que una vez me hicieron viajar por todo el mundo.
            Ahora estoy en el aeropuerto a punto de coger el avión que me llevara primero a Frankfurt y luego directo a Shangai. Aquí decido empezar a escribir mi diario de abordo, para quien quiera saber de mí y para que en un futuro pueda recordar cuando empezó el viaje. La aventura acaba de empezar, una sonrisa se dibuja en mi rostro, no todo estaba perdido, con mi partida empieza una nueva vida.
           
            Barcelona, I don’t know when I will see you again… Shangai is waiting…

1 comentario:

  1. Sóc l'ava ho acabo de llegit, si et descuides amb la primera part em fas plorar i tot. Espero que en "las personas queridas" que has deixat mi deixiesis a mi tambe.

    ResponderEliminar